miércoles, 28 de octubre de 2015

Meridia - I



Meridia


Historia basada en los sueños de Meridia, personaje principal de El Verdugo con Piel de Seda. Estos sueños serán fundamentales profecías en el segundo libro, ademas de ser un adelanto de los primeros capitulos de “El Descenso del Verdugo”. 

I
Sangre
Lugar: Inframundo.
Hora: Desconocida.
Persona escogida: Meridia.
Madre: Keres.
Edad: Desconocida.
     

A los ojos de los humanos, los dioses son seres poderosos, seres con una fuerza extraordinaria, capaces de crear dimensiones y espacios, pero también destrucción y una absoluta devastación.

Los humanos siempre tomaron como referencia a los dioses principales, dejando en el olvido a los demás.

Hasta ahora.

La respiración agitada de la joven de cabellos plata le dio a entender que estaba asustada, aun no entendía cómo podía tener tantas acciones naturales de los seres humanos, aquellas criaturas asquerosas que querían acabar con su vida.

Meridia se encontraba en un lugar muy oscuro, la iluminación era inexistente y lo único certero que sabía era que estaba viva.

La laguna mental se encontraba más profunda, ya nada le era familiar.

Decidida a investigar su locación actual, se levanto del suelo (o lo que parecía ser el suelo), irguió su espalda y comenzó a caminar hacia la oscuridad.

La larga melena plateada resplandecía en la oscuridad, anunciando su llegada como un gran farol de luz, la misma Meridia sentía como su cuerpo comenzaba a consumirse en la luz.

Pero ella no era un ser de luz.

Mientras caminaba los sueños que se perdían en su mente rugieron, salieron a la luz manifestándose en su retorcida mente, hasta que el caos gobernó.

El cuerpo de Meridia cayó al suelo en un sonido sordo, lo único que supo antes de caer en el abismo fue que su cuerpo era arrastrado hacia lugares desconocidos.

La inconsciencia la arrastro cerca de una localidad que ella aun no conocía, pero aquel lugar que desprendía el hedor de la muerte seria clave para ella.

Sería el inicio de todo.

En el sueño, Meridia se veía a si misma caminando por los pasillos de aquel lugar de sombras, los cuerpos de las personas estaban posicionados grotescamente creando una escena de algún artista macabro. La Meridia del sueño sonrió ante la escena, aquellos cuerpos le transmitían paz.

Se vio a si misma acercándose al final de pasillo, allí en una pequeña mesilla reposaba solitariamente un objeto, la muchacha curiosa de tal artefacto se acercó gustosa.

¡Le encantaban los objetos extraños!

Al llegar a su destino más próximo se quedó entrañada, aquel objeto al momento de acercarse demasiado creaba la ilusión de varias veces el mismo objeto, eso la extraño, además de que aquel objeto de extraña procedencia estaba manchado de sangre.

Todo el lugar tenia sangre alrededor.

Meridia sonrió como una niña inocente, su vestimenta, por otra parte estaba hecha girones, largos trozos del vestido caían si ningún orden por su cuerpo, grandes partes de su blanquecina piel quedaron expuestos.

Meridia ni se inmuto.

Mientras se daba vuelta sobre sus propios pasos la sangre comenzó a mojarla, la sangre salía de todos los como grandes olas rojas de suma espesura. Lo primero que se mancho fue su piel, y el resto siguió su curso.

Para cuando había avanzado un par de pasos su cabello había perdido el color plateado para convertirse en varios mechones llenos de sangre.

Los cuerpos de los inocentes se mecían en el vaivén que las olas de sangre habían compuesto, una danza siniestra se dio en torno a su cuerpo.

La joven comenzó a nadar tranquilamente por el mar de desgracia que la mojaba, la sangre se le pegaba a su cuerpo haciendo que el cuerpo liviano de la joven se comenzara a hundir.

Su cuerpo se vio arrastrado a las profundidades cuando las manos mutiladas y la decena de cuerpos arremetieron contra el único ser viviente de la estancia.

Lo último que Meridia recordaba era la suave sensación de ser arrastrada por la sangre.

Sangre.

La pesadez del mundo humano fue lo primero que sintió al abrir los ojos. El pecho le ardía, los ojos le escocían y la sensación de caos a su alrededor la dominaba. Meridia estaba fuera de sí misma.

Abrió los ojos de un golpe, sintiéndose una intrusa en el mundo.

Respira.

Le recordó la voz en su cabeza, luego de varios meses experimentando esos atroces cambios de voz que producía su mente, llegaba un momento en donde, simplemente dejaba de darle la importancia.

Debes seguir tu camino, muy pronto el caos comenzara.

Tú no eres parte de ese caos.

Aún no.

Meridia asintió, aun no era su momento.

Ya no se encontraba en la oscuridad, ya no se encontraba en un sueño, ahora la familiaridad la golpeo, el bosque; su bosque, se extendía por todo a su alrededor.

Meridia estaba en casa.

Sin importarle la desnudes de su cuerpo, se levantó del suelo y comenzó a caminar, ahora se sentía como si comenzara su camino nuevamente.

Pero eso fue ya hace mucho tiempo.

Asintió en respuesta. La voz en su cabeza tenía razón, eso fue hace mucho tiempo.

El bosque le ofrecía la tranquilidad que nunca pidió, pero que necesitaba.

Los pasos de la joven eran lentos, pausados, calculados, expertos y audaces, en el bosque no se podía cometer ningún error.

Ninguno.

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